sábado, 25 de noviembre de 2017

Acercándose a los Poderes III - El Señor del Montículo

Por Nigel G. Pearson
(Traducido por Manon de Treading the Mill)



Este aspecto del Poder masculino es muy elusivo y difícil de asir – esa es Su naturaleza. Representa a todo lo que se ha ido antes y es la suma y acumulación del conocimiento y práctica antiguos. Es el que está Debajo y Dentro, Más Allá y Abajo. Es el sustrato de la existencia y la energía que en él hay. A su reino se entra por las puertas de las Colinas Huecas y a través de las aguas del conocimiento y la memoria. Mora en los salones de Elfhame y es Señor del Pueblo Feérico en su reino del Inframundo, aquellos que se han metamorfoseado en seres ancestrales. El Señor del Montículo es el representante, de una manera muy especial, de los Ancestros, ya que es a través de él que todas sus experiencias son canalizadas. Algunos le llaman el Rey Feérico o de los Elfos, como se mencionó en Trabajo con los Espíritus y es difícil determinar si son el mismo o seres separados. Para todos los propósitos prácticos, no importa, y deberías reaccionar ante él en la forma en la que escoja presentarse ante ti. Muchos lugares físicos están asociados con él, tales como túmulos funerarios y montículos, y particularmente lugares como Glastonbury Tor, Newgrange en Irlanda y Sutton Hoo en Anglia Oriental. Encarna al arquetípico mago o “chamán”, conocedor de todas las cosas del pasado y sabio más allá de toda medida. Es a él que nos dirigimos en cualquier forma de adivinación o augurio, ya que el conocimiento del pasado da forma al futuro y lo dirige también. Es de estos orígenes que tenemos las historias de mortales entrando a las Colinas Huecas y viendo pilas de oro, joyas y otras riquezas justo por todos lados. Sin embargo, cuando intentan traerlas consigo, todos ellos descubren a su vuelta que es escoria, hojas y ramas. El conocimiento para reconocer, entender y usar el saber del Inframundo no se da a la ligera y el Señor del Montículo guarda bien sus secretos.

Paradójicamente para alguien tan íntimamente conectado con los Muertos, él también es la fuente de toda vida futura – la fertilidad si así gustas. Nuestros ancestros consideraban que todas las cosas buenas de la vida, todo lo benéfico, venía de los dioses del Inframundo. Julio César escribe de esto en su libro “De Bello Gallico”, cuando describe a los dioses de los galos, declarando que creen de sí mismos que descendían del dios Dis, Señor del Inframundo. Dado que todas las personas cuando mueren van a los reinos del Otro Mundo/Inframundo, es necesariamente a partir de aquí que viene toda nueva vida emergente. Hay ecos de este tema en la tradición de que las colinas feéricas abren sus puertas y la Hueste del Otro Mundo cabalba en Roodmass/Beltane, uno de los principales Antiguos Sabbats del Arte. Esto no es un mero reflejo de algún simple festival campesino de la fertilidad, sino una antigua verdad indicativa del hecho de que la nueva vida emerge del lugar al que fue cuando murió, esto es, el Inframundo. El Señor del Montículo es el guardián, protector, preservador y dispensador de este conocimiento/sabiduría/vida/fecundidad y, como tal puede ser visto como un dios de doble cara, como muchos de los antiguos dioses eran y son. La Luz y la Oscuridad, dos caras de la misma moneda, no se puede tener la una sin la otra.
Una de Sus principales imágenes y la forma en la que más a menudo es visto o encontrado, es como el Ciervo Blanco, el misterioso ser que sale del Inframundo y nos conducirá de regreso allí, como parte de nuestra iniciación en los Misterios, si estamos dispuestos y somos capaces de seguirle. Como ocurre cuando se trata con el Rey del Bosque Salvaje, esta puede ser una ordalía terrorífica, ya que el Señor del Montículo no nos permite escondernos, no hay un velo que cubra nuestros miedos más profundos y oscuros. Él sabe quién y qué somos y no tiene sentido acercarse a Él si no estás preparado para admitir todas tus faltas y divulgar tus secretos más profundos. El Ciervo Blanco puede conducirnos en una alegre persecución, pero al final vendrás a estar cara a cara con él mismo.



Entrando al Laberinto

Para encontrar al Señor del Montículo debes seguir el sendero del Ciervo Blanco y entrar en las Colinas Huecas. Una forma de intentarlo es entrar y recorrer el sendero del Laberinto, real o simbólicamente. Si deseas hacerlo en la realidad, necesitas marcar el laberinto en el suelo, en algún lugar solitario donde no vayas a ser interrumpido durante algunas horas al menos. Puedes marcarlo raspándolo en el suelo con un palo o tu bastón, o puede que desees marcarlo con piedras, arena o aceite de color, los cuales pueden ser más tarde limpiados para no dejar rastro. Si deseas probar a hacer la práctica simbólicamente, la forma tradicional es emplear una Troystone. Esta es un gran guijarro plano, o una pieza de pizarra, sobre la que has pintado o inscrito el patrón laberíntico. El mismo es trazado después de forma muy lenta, con el dedo índice mientras recitas un cántico y te concentras en tu viaje a las Colinas Huecas (ver capítulo Entrando a la Zona Crepuscular). Más abajo encontrarás el patrón que deberías usar, en el suelo o sobre la piedra.

Cuando hayas preparado tu laberinto, erige el compás de tu manera usual, considerándolo como el perímetro alrededor de tu entrada a las Colinas Huecas – el Laberinto – un foso como frontera de hecho. Llama a tus espíritus guardianes para que  velen por ti mientras haces tu viaje y empieza con una apelación al Señor del Montículo. Usa estas palabras u otras similares:

“Señor bajo el Montículo, Ciervo Blanco de las Colinas Huecas
Presta oído a mi petición y concédeme entrada a tu reino.
He creado un lugar consagrado en tu nombre, Sabio Señor,
Concédeme este favor y acompáñame a los Salones Consagrados,
Los Salones de los Fay, donde moran los Ancestros y las raíces de todo conocimiento”.

Ahora, empieza a recorrer lentamente el laberinto hacia el centro, o trazar lentamente el diseño sobre la piedra, con concentración y atención totales en lo que estás intentando. Conforme lo haces, repite tu cántico tantas veces como sientas necesario:

“Tomo el sendero que conduce bajo el Montículo.
Yendo alrededor y alrededor y hacia abajo y hacia dentro.
El sendero hacia lo profundo y la renuncia al mundo.
Tomo el sendero que conduce a las Colinas Huecas”.

Cuando finalmente llegues al centro del laberinto, siéntate confortablemente y cierra tus ojos. Deberías ya estar en un estado de trance con tu mente receptiva para recibir aquellas impresiones que buscas. Conjura ante el ojo de tu mente un gran portal tallado, situado al lado de una colina o montículo. Empuja la puerta hacia delante y traspasa el umbral hacia lo que yace más allá...


En este punto vas por tu cuenta, nadie puede decir lo que encontrarás. Sin embargo, recuerda que las normas del Otro Mundo no son las mismas que las del nuestro y cuídate de ofender a quien puedas encontrar. Actúa con cortesía, pero desafía a cualquier cosa que sientas como definidamente engañosa o ilusoria.
Cuando hayas terminado tu viaje, regresa a través de la puerta, cerrándola detrás de ti. Abre tus ojos, levántate y rehaz tus pasos a través del laberinto, yendo de nuevo lenta y constantemente. Cuando alcances el principio, da las gracias a todos los que te hayan ayudado y márchate simplemente de la zona. No mires atrás. Sería sabio tener algo sustancial que comer y beber en este punto y es imperativo que dejes alguna porción como un regalo al Señor del Montículo y sus súbditos en el Inframundo. ¡Nunca omitas agradecer y respetar al Pueblo de las Colinas Huecas!


------------------------------------------

Este texto ha sido extraído de un libro muy interesante que te recomiendo que compres para tu biblioteca personal en el siguiente enlace:


No hay comentarios:

Publicar un comentario