domingo, 14 de mayo de 2017

Un Hecho Sin Nombre

Por Lee Morgan
(Traducido por Manon de A Deed Without A Name)

La oscuridad adoptó a la iluminación con el fin de hacerse visible.

- Robert Fludd




Todos conocemos historias sobre la brujería, algunos de nosotros incluso creemos conocer la “verdad” sobre ella. Lo que a menudo olvidamos es que mientras que hay un antiguo y eterno “hecho sin nombre” que yace detrás de la palabra, la palabra misma es poco más que un sitio donde numerosos relatos se agrupan. Aquellos que eligen el sendero, o son elegidos por el sendero de la brujería, generalmente tienen una sensación visceral de lo que significa la palabra. Se ven atraídos inexorablemente a una colección de imágenes, una vaga narración que tiene que ver con vuelos nocturnos en forma de espíritu, el cruce de cercos y fronteras, calderos hirviendo y danzas salvajes en lugares silvestres donde los muertos se aparecen y ocurren transformaciones en animal y actos de hechicería.
El académico entre nosotros puede plantear cuestiones sobre ¿cuánto en la imagen de la bruja fue creación del interrogador? Otros son felices aceptando el conocimiento recibido tal y como está. Aquellos que consultan demasiado a menudo a los eruditos se equivocan al posicionarse del lado del ocultista de sillón, leyendo tomos y más tomos de libros y artículos de revistas, practicando “brujería en sus cabezas” sin encontrar un camino que haga de puente en la brecha entre la erudición y la práctica. Otros no realizan un seguimiento de los considerables avances en el moderno conocimiento académico sobre la brujería, y por ello se pierden mucho material esclarecedor. Este libro intenta salvar la brecha entre estos extremos.


Apunta a encender la luz de la razón en la oscuridad de los salvajes y perdidos lugares más allá del cerco. Pero a diferencia de aquellos que portan la linterna de lo académico, soy una experimentada ocultista y bruja práctica. No voy a mirar dentro de las sombras como alguien para el que la oscuridad es extraña,  deseando domesticarla con mi intelecto a través de la ordenación y la categorización. Conozco a la oscuridad como a una Madre, y la oscuridad Misma me conoce como a una de los Suyos. Tomo esta luz de la razón conmigo para iluminar a otros ese algo con lo que yo estoy familiarizada, y porque esta luz, o “fuego”, es también parte de mi herencia como ser humano.


Igual que he llegado a sentirme cómoda en esos lugares crepusculares, sé que nosotros, los modernos, no somos capaces de retornar completamente a la oscuridad primordial en sus propios términos. Tal y como el Destino lo dicta, somos portadores de la llama de la civilización, habiendo un largo camino desde la mentalidad de los brujos de la antigüedad, que encontraban espíritus en las encrucijadas con aparente facilidad. Y sin embargo, lo que descubro al encender mi llama y llevarla a lugares inesperados, es que nunca estamos lejos de esas sombras, que las mismas anidan en la base de nuestros cráneos y en nuestras entrañas, así como en el bosque más allá del seto, siendo también eso parte de nuestra herencia. Por ello esta obra está dedicada a la persecución del medio olvidado legado de la brujería y su mito, uno que rinde homenaje tanto a la lámpara de la mente que busca, como a la rica y fecunda oscuridad a partir de la que esa mente extrae su vida. En la búsqueda del “legado” de un acto esencialmente sin nombre, me veré forzada a contar y repetir historias, así como cuentos, porque de las narraciones compartidas es de lo que estamos realmente hablando cuando hablamos sobre las “tradiciones”.
Por muchas décadas los registros de los juicios por brujería fueron vistos en gran parte como narraciones ficticias, que por lo tanto tenían poco valor para entender la “verdad” real detrás de dichas confesiones. Eran vistos en términos del poder del inquisidor sobre la víctima y rara vez en el contexto más vasto del sistema de creencias del folclore europeo. Los académicos temían demasiado ser acusados de “Murrayismo”, creencia compartida con la temprana erudita Margaret Murray (tan influyente en la Wicca) en que los registros de los juicios presentan pruebas de un “culto brujeril” repleto de covens de trece personas, dirigidos literalmente por sacerdotes vestidos de diablo.


Mientras que la tesis de Murray ha sido en gran medida desacreditada, otros académicos han reabierto este campo como un área viable de estudio. Carlos Ginzburg empezó el importante trabajo de mostrar el “vuelo” de los brujos como un “Doble” abandonando el cuerpo al estilo chamánico, más que como una historia literal y por lo tanto imposible. Desde entonces nos hemos inclinado a revisar las múltiples narraciones de la brujería de forma diferente. Muchos académicos han empezado a revisarlas en términos de “cosas que la gente creía que eran verdad”, indiferentemente de su verdadero valor como “hechos literales”, y otros han ido mucho más allá haciendo comparaciones con el chamanismo de otras naciones. Mi objetivo es hacer accesibles las implicaciones prácticas de esta brujería académica a través de las lentes de mi propia experiencia oculta, particularmente con la Brujería Tradicional.


Este proyecto, y el libro en el que se convirtió, es el resultado de una coincidencia clarividente. A lo largo de los años, mientras recogía mis propias experiencias y las de mis compañeros, a menudo descubría, después del hecho, que este material experimental podía ahora ser apoyado o incluso mejor explicado por el material académico sobre el asunto. Por sí sola una visión, una forma arremolinada surgida del cuerpo de la oscuridad,  que se introduce en la mente de una única persona y que podría verse como una anomalía. Pero cuando dichas formas empiezan a crear patrones y repeticiones, la atención de la luz de la razón está garantizada. Decidí que ya era hora de que alguien intentara una síntesis entre esta abundancia de información académica y esta base de conocimiento práctico cada vez más creciente, una que tuviera valor para el estudiante práctico de la brujería europea postcristiana, no wiccana.
Las implicaciones de los trabajos de eruditos tales como Carlos Ginzburg, Eva Pocs, Claude Lecouteux y más notable y recientemente, Emma Wilby, me proveen aquí con los elementos de dicho material. Yuxtapuestos tanto con mi experiencia práctica en la brujería actual como con una abundancia de material folclórico, soy capaz de poner este progreso académico en un contexto que sea útil para aquellos que desean practicar más que simplemente leer sobre la brujería. Pero lo he hecho de manera tal que vaya más allá del modelo típico del “libro de recetas de hechizos”, intentando ahondar a mayor profundidad en la médula de lo que realmente es y significa este legado.

El trabajo de Emma Wilby, “The Visions of Isobel Gowdie: Magic, Witchcraft and Dark Shamanism in Seventeenth Century Scotland” en particular, plantea grandes y pesadas cuestiones sobre la práctica de la Brujería, para aquellos que están comprometidos con ella. Su trabajo comparativo entre brujas como Isobel Gowdie y los “chamanes oscuros” de la Cuenca Amazónica es extremadamente irresistible, y nos fuerza a preguntar quizá la cuestión más importante de todas respecto a la “brujería”. ¿Qué es un brujo? Y ¿qué profunda función cumplían originalmente los brujos, no solo para su comunidad sino también para el mundo invisible de los espíritus?


Wilby muestra cómo Isobel y su coven actuaban esencialmente como “Hados” que a menudo asestaban golpes malignos sobre la humanidad, que cuando a Isobel la llamaban “bruja”, significaba algo completamente diferente a cuando la “bruja feérica” Bessie Dunlop es denominada “bruja”. A diferencia de Isobel, el contacto de Bessie con el mundo feérico la conducía a ofrecer curas y sanación a niños, adultos y animales enfermos. Habiendo dicho esto, la suma de la evidencia sugiere que estos servicios ofrecidos por algunos brujos, solo era la punta del iceberg en términos del significado más profundo de la brujería a un nivel cosmológico.


Uno podría sentirse tentado a corregir este uso descuidado de la terminología, dando a Isobel el apelativo de “bruja negra” y a Bessie de “bruja blanca”. Pero el asunto no es tan simple. Un rápido vistazo al trabajo de Carlos Ginzburg sobre los benandanti y su trabajo comparativo sobre los Hombres Lobo (un tópico también cubierto en detalle por Eva Pocs), nos muestra que las experiencias sobrenaturales colocadas bajo el encabezamiento de “brujería”, eran mucho más diversas de lo que se puede ordenar simplemente bajo las versiones “negra” y “blanca” del mismo fenómeno. Ahora por supuesto, mucha de esta diversidad proviene de fuentes continentales, pero creo que hay suficiente evidencia para sugerir que esta diversidad estuvo una vez más generalizada en Inglaterra, así como en el continente. Los “juicios de hadas” sicilianos, como eran denominados, donde docenas de mujeres y algunos hombres fueron acusados de ser “magos feéricos”, desposándose con el Rey y la Reina feéricos y derivando poderes de curación a partir de ahí, son chocantemente similares a los “doctores feéricos” de Irlanda y a Bessie Dunlop de Escocia. Isobel Gowdie nos hace pensar más en los “malandanti”, con sus maldiciones y conducta perniciosa que en los benandanti (buenos caminantes), ¡que luchaban contra ellos para la preservación de las cosechas! Se sugiere aquí que es tanto útil continuar llamándonos “brujos”, como a la misma vez descubriremos que hay muchos tipos de “brujos”.


El “hecho sin nombre”, la habilidad innata en la humanidad para tener contacto con el otro mundo y participar, a menudo extáticamente, en sus actos (algo más pronunciado en algunos que en otros), vino a encontrar un nombre en Europa bajo la palabra “brujería”. Sería fácil para el académico entre nosotros sentir desagrado por el término o incluso rechazarlo. De hecho, en un sentido, al extender un manto sobre todas las experiencias espirituales de lo Otro y denominarlas “brujería”, el cazador de brujas nos hizo un gran perjuicio perdiendo y oscureciendo muchas formas ricas y divergentes de hechicería y experiencia extática. Pero en otro sentido, una sensación de volver sobre sí mismo al “diablo de la perversidad”, también abre la posibilidad a una hermandad de lo Otro. Y es en este espíritu que me acerco al término.
A través de una cuidadosa mezcla de erudición y experiencia, no hay razón para que no podamos reclamar también parte de la variedad detrás del término hoy, y disfrutar tanto de la unidad como de la diversidad. Porque es improbable que estos muchos poderes que entraron en erupción en la psique de Europa en el pasado, hayan cesado de hacerlo así abiertamente, o dejado de manifestarse en formas diversas porque casi hemos dejado de reconocerlas. Y a través del despertar de esta comprensión, creo que como Arte, podemos acercarnos más que a un simple abordaje de lo invisible del tipo “talla única para todos”, una vez ya que no todos montamos sobre escobas, sino que algunos de nosotros cabalgamos sobre hierba cana, stangs u horcas, hinojo, sorgo, cabras, lobos, gatos o no requerimos corcel alguno porque simplemente nos transformamos nosotros mismos en bestias. Y sin embargo, al mismo tiempo, no necesitamos negar la escoba como un símbolo que ha llegado a unirnos. Porque realmente el simbolismo de la escoba profundiza un poco más que el hábito o el estereotipo.


Se observa que las brujas se sentían inclinadas a volar sobre escobas, stangs, horcas, ruecas e incluso cucharones, lo que puede parecer inicialmente un poco extraño. Pero cuando nos damos cuenta de que en Hungría, por ejemplo, cuando el tambor se convirtió en algo que ya no se podía poseer por miedo a ser atrapado usándolo para entrar en un estado de trance, este se vio reemplazado gradualmente por el colador, un objeto doméstico común que podría ser forzado a funcionar al servicio de lo invisible. Estos objetos domésticos comunes, son un testimonio de cómo el mundo de más allá del cerco continuamente se interpenetra con todo lo que hay en su interior, todo lo mundano y aparentemente normal y no amenazante permanece sutilmente imbuido con su Otro. En un mundo donde la “brujería”, una práctica siempre parcialmente escondida, se convirtió en algo que tenía que ocultarse, esta fue capaz de esconderse detrás de cada tetera, cucharón, escoba y cazo sobre el fogón.


------------------------------------------

Este texto ha sido extraído de un libro muy interesante que te recomiendo que compres para tu biblioteca personal en el siguiente enlace:





4 comentarios:

  1. Gracias Manon... esclarece mucho mi camino..

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a ti por dejar tus palabras aquí.

      Manon

      Eliminar
  2. Gracias Manon. No sabes como me ayudas en este proceso. Estoy feliz de haber encontrado este espacio.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estupendo, me alegra ver que mis traducciones te son de ayuda.

      Manon

      Eliminar