miércoles, 7 de septiembre de 2016

Los Muertos y el Otro Mundo. La Fe en el Mundo Feérico en Cornualles

Por Gemma Gary
(Traducido por Manon de Traditional Witchcraft)


Hoy en Cornualles hay al menos un vago conocimiento de los Piskies, Knockers y Spriggans como elementos pintorescos y muy extendidos del folclore y leyendas córnicos; sin embargo, en Cornualles la creencia y observancia activa en la 'Fe en el Mundo Feérico' es extramadamente rara, sobreviviendo solo entre algunos de los más ancianos y por supuesto entre las brujas, la gente Sabia y de Astucia y el Pellar de Cornualles.

En Cornualles, el Otro Mundo nunca está lejos, existe justo en el borde liminar de la visión normal, donde las idas y venidas sobrenaturales pueden ser vislumbradas ocasionalmente por el rabillo del ojo. Deslizarse desde este mundo hacia Annown, a menudo accidentalmente, nunca fue una cosa tan difícil como pueda sonar.

Para sus gentes, los Piskies siempre han sido los espíritus de los muertos; un Piskie y un fantasma eran vistos como la misma cosa. Se puede decir con seguridad que Cornualles fue durante mucho tiempo un lugar de observancia dual, porque mientras que el pueblo casi siempre se declaraba buen cristiano, y aunque no hay absolutamente nada de cristiano en la Fe en el Mundo Feérico, creía en ella incondicional y firmemente, y la ha observado hasta tiempos relativamente recientes.

Observancia Dual

Para el mismo pueblo cristiano, que creía que las almas de los muertos deben ir al cielo, su creencia paralela en el Otro Mundo y los Piskies presentaba un problema; una solución tuvo que hallarse para acomodar estas antiguas y fuertes creencias que rehusaban ser enterradas. Una de las soluciones que idearon consideraba que los Piskies eran los espíritus de los fallecidos en la antigüedad, nuestros ancestros paganos que moran en la realidad sobrenatural del paisaje de Cornualles, junto a los vivos y no teniendo conocimiento del cielo de los cristianos. Una vieja historia recogida por William Bottrell, 'El Hada que Vive sobre Selena Moor', ilustra esta forma de ver las cosas, en la que los Piskies son descritos como siendo “no de nuestra religión sino adoradores de las estrellas”. Otras nociones surgieron en las que los Piskies eran los espíritus de los niños no bautizados que no habían podido ser admitidos en el cielo, aunque no habían vivido lo suficiente para cometer pecado alguno que les garantizara su condena al infierno. Otra interesante justificación cristiana para los Piskies era que los mismos eran los antiguos dioses paganos de Cornualles, y que desde el nacimiento de Cristo han estado siempre menguando en tamaño, hasta que se convirtieron en muryans (hormigas), y un día serán desterrados en conjunto. Así que en Cornualles era tabú destruir un nido de muryans (hormiguero), y se creía que en tiempo de luna nueva, los antiguos dioses, en forma de hormiga, todavía tenían suficiente poder para convertir el estaño en plata. Esto es interesante, porque no es normal en los cristianos que reconozcan la existencia de otros dioses, o que les respeten a través del tabú de no hacerles daño, ni seguir teniendo fe en sus poderes mágicos para transformar lo vulgar en precioso. Todo esto parecería, una vez más, apuntar a actitudes de observancia dual entre el populacho nominalmente cristiano de Cornualles.

Los intentos de la nueva religión por acomodar el antiguo espíritu córnico del mundo, no fueron tenidos en cuenta por todos y para muchos el Otro Mundo simplemente era el lugar de morada de los espíritus de los muertos, y convertirse en Piskie era el destino de todo el que pasa por el mundo de los vivos. Hay relatos en historias córnicas de personas deslizándose accidentalmente entre los mundos y observando las actividades de los Piskies, en los que entre ellos se reconocen a seres queridos ya difuntos y los rostros familiares de personas recientemente fallecidas, pero ahora con forma de Piskie. Descripciones de los Piskies o “Pobel Vean” (gente pequeña) los muestran generalmente con una altura de no más de sesenta y pocos centímetros, las mujeres de tez blanca mientras que los hombres son más oscuros y de apariencia morena. Se describen con túnicas rojas, o algunas veces con gorras y ropas verdes. Por la noche se les describe como jóvenes y bellos, pero si se les ve de día, parecen viejos, arrugados y manchados. Detrás de los últimos esfuerzos del cristianismo córnico por explicar y acomodar el mundo córnico de los espíritus (y debemos estar agradecidos de que dichos esfuerzos se hicieran, porque permitió de una manera sin embargo menor, que la vieja Fe en los Seres Feéricos sobreviviera en Cornualles), hay muy antiguas tradiciones sobre la muerte, que sostienen que el fallecido permanece como parte del pueblo de los espíritus en Annown – el Otro Mundo, un mundo que estaba estrechamente interconectado con el de los vivos. Una relación interesante existía entre el 'pueblo ordinario' y los habitantes del mundo córnico de los espíritus, existiendo unas pocas formas tradicionales de interacción, que hoy continúan principalmente entre las gentes del Camino de la Astucia y aquellas pocas personas ancianas que todavía recuerdan.

Como todas las cosas, los Piskies tienen su lado luminoso y oscuro. Se les considera compasivos con el pobre, al que ayudarán a llevar a cabo muchas de sus labores durante la noche, como trillar el maíz o hacer las labores del hogar. También se cree que toman venganza sobre el rico que se aprovecha del pobre. Si, no obstante, el Piskie se entera de que lo han espiado mientras llevaba a cabo dichas tareas de ayuda, y es premiado por ello, desaparecerá no volviendo más, porque es un elemento común que el Piskie odia ser observado por los vivos. La única interacción permitida a los vivos era hacer simples ofrendas de comida y afecto a un Piskie, beneficiándose este del funcionamiento del hogar, pero por otra parte desea que lo dejen en paz.


Los restos de la mesa eran a menudo dejados en la noche para el Piskie, sobre la chimenea (el antiguo altar y centro sagrado del hogar) o en la puerta de atrás. Un trato especial para ellos era leche y pan de azafrán con mantequilla untada. Los relatos de Cornualles cuentan de gatos que enfermaban después de beber la leche dejada para un Piskie, que se habría bebido la parte 'astral' de la misma; lo que quedaba le habría sentado mal a cualquier ser vivo que la hubiera bebido, por lo que los restos físicos de estas ofrendas eran vertidos fuera sobre la tierra o enterrados a la mañana siguiente. En noches particularmente frías y tormentosas, se sabe que las personas mayores de Cornualles encendían un buen fuego de aulaga (espinillo) para proporcionar a los espíritus errantes cierta comodidad. Dado que se veía a los Piskies como espíritus de los muertos, la provisión regular de ofrendas de comida y fuegos reconfortantes, podría verse como la supervivencia de una forma de adoración a los ancestros entre el pueblo córnico.


Los Piskies también son conocidos por sus tendencias traviesas, provocando toques y sonidos de golpes alrededor de las casas de campo, una molestia habitual junto a la costumbre de esconder pequeños objetos del hogar. El remedio usual para esto era hacer ofrendas de comida a los espíritus lo cual calmaba dicho mal comportamiento. También se podía llamar a un Pellar local para que proporcionara al espíritu una casa a cambio del pago apropiado, calmando a dichos espíritus problemáticos para que estuvieran contentos.

Otra travesura de los Piskies sufrida a menudo por la gente de Cornualles, y admito que yo misma he sido víctima de ella, era ser 'dirigido por un Piskie'. Hay muchos relatos de personas caminando por lugares solitarios cuando una extraña niebla descendía y el caminante completamente perdido, incluso aunque estuviera en una ruta bien conocida para él, quedaba a menudo dando vueltas en círculo durante horas – una frustrante y algunas veces terrorífica ordalía que todavía ocurre a día de hoy. Dichos casos en los que se es dirigido por un Piskie pueden ocurrir en los tiempos liminares de la medianoche o el anochecer, porque en dichos momentos el velo entre los mundos se hace incluso más fino y los senderos de los seres humanos y los espíritus pueden cruzarse con más facilidad. La defensa tradicional para no ser dirigido por un Piskie es darle la vuelta a una prenda de vestir poniéndola del revés. Generalmente, para salir de la situación una vez ha empezado se tira al suelo un guante del revés, a partir de lo cual la niebla se aclara y el sendero vuelve a encontrarse de nuevo. Era común la práctica de llevar los abrigos del revés cuando alguien iba de un pueblo a otro de noche. 


Otros relatos nos cuentan de seres humanos, fuera en la noche, que han llegado a encontrarse accidentalmente con los Piskies, porque son aficionados a celebrar 'fiestas' en las que se disfruta de la música, la danza y el banquete en lugares encantados y aislados. Dichas fiestas de los espíritus recuerdan a las reuniones Sobrenaturales Sabáticas de los brujos. Si un espectador humano diera a conocer su presencia, la reunión de espíritus desaparecería en un instante, y el ser humano podría verse sometido a tormento por muchas manos invisibles, ¡desde ser pellizcado incesantemente hasta recibir una paliza! Según la tradición, la víctima lucharía por quitarse una prenda de vestir para darle la vuelta y ponerla del revés y parar así el tormento. Relatos como estos servían, una vez más, para advertir a las gentes de Cornualles de los peligros de espiar las actividades del Pueblo Piskie.


Los brujos córnicos conocen un ungüento llamado 'Ungüento Piskie' que, si se usa para untarse el rabillo de un ojo, permite al usuario ver a los espíritus normalmente invisibles para los vivos. Esta verde pomada se hace con una receta de hierbas, que según algunos dicen el mejor sitio para recogerlas es el páramo de Kerris. Una vez hecho se debe verter en una croggan (concha de lapa1) en la que mantenerlo. Como la tradición córnica sostiene, el Piskie no puede vivir en el mar, ni en las cosas que vienen de él, por lo que no serán capaces de robar el ungüento con el fin de evitar que el brujo les espíe. El saber brujeril córnico enseña sin embargo, que el uso de este ungüento es muy peligroso por dos razones: puede atrapar al usuario en un deseo obsesivo por ver el mundo de los espíritus y perder así el interés en el mundo de los vivos, y en segundo lugar, el usuario debe tener mucho cuidado para no reaccionar de ninguna manera a lo que ve de las idas y venidas de los espíritus. Debe actuar como si fuera inconsciente de ellos, porque si los Piskies se dan cuenta de que son espiados, golpearán el ojo untado que quedará ciego de ahí en adelante.

Concha de Lapa

Los Knockers, espíritus de las minas, eran otra tribu de espíritus córnicos cuya existencia se entrelazaba con la de la gente viva. De estos espíritus subterráneos se decía que eran los espíritus de los mineros muertos, contentos de poder permanecer en este alegre estado, siempre en las profundidades de la tierra. Los mineros tenían cuidado de agradar a los Knockers, porque aquellos que ganaban su favor eran conducidos por sonidos de golpes hechos por los espíritus a las vetas más ricas de mineral, por lo que les dejaban una porción de sus croust (almuerzos). Se decía que maldecir o gritar en su presencia los enfadaba y aseguraba la mala suerte de la mina. Dada la extremadamente peligrosa naturaleza de la minería, estos tabúes eran obedecidos con cierto entusiasmo.


Los Spriggans son otra tribu de espíritus córnicos cuyos senderos, con suerte, nunca se cruzarán con los de los vivos, porque estas entidades son los temibles espíritus guardianes del sagrado paisaje de Cornualles, y de los tesoros escondidos de las antiguas gentes. Notablemente efectivos en producir terror en los corazones de aquellos que intentan dañar los lugares de poder, o excavar los antiguos sitios en busca de tesoros. La leyenda cuenta de enjambres de diminutos Spriggans emergiendo de la tierra, y creciendo rápidamente hasta una gigantesca estatura para espantar a aquellos que estuvieran cavando en busca de tesoros. Cuando el aterrado buscador de tesoros regresaba al sitio, encontraría el agujero que había cavado relleno y cubierto de césped otra vez, sin signo alguno de que se hubiera perturbado el terreno.


En 1907 un agricultor, dueño del campo en el que están las Merry Maidens2, decidió quitar el antiguo círculo con el fin de hacerlo más fácil de trabajar y que aumentase su valor. Los trabajadores de la granja se mostraron reacios, temiendo al poder de dichos lugares, pero el agricultor insistió y se trajeron tres caballos del condado para extraer las piedras del suelo. Cuando fueron enganchados y empezaron a tirar de la primera piedra, el caballo de cabeza repentinamente entró en pánico y cayó muerto. No se hicieron más intentos por despejar el sitio.

Merry Maidens

1Patella vulgata, coloquialmente conocida como lapa común, es una especie comestible de caracol de mar, una lapa típica, un molusco gasterópodo de la familia Patellidae. Es endémica de los mares de la Europa Occidental (Nota del Traductor).

2Las Merry Maidens, también conocidas como Dawn's Men (probablemente una corrupción del córnico Dans Maen “Danza de Piedra”) es un círculo de piedras del neolítico tardía a 3 kilometros del sur del puedbo de St Buryan, en Cornualles (Nota del Traductor).

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